Somos una Congregación de religiosas nacida en México a principios del siglo XX. Nuestro propósito es revivir en la Iglesia el anonadamiento de Cristo a través de la imitación de María en el misterio de su Infancia. Nos dedicamos especialmente a la niñez y juventud, prefiriendo a los más necesitados, moral, intelectual y materialmente en cualquier lugar donde la Iglesia nos llame. Empleamos los medios más oportunos, en actitud de renovación permanente y adaptación a las necesidades de las personas, de los lugares y de los tiempos.
Consideramos que cada ser humano es único, irrepetible, hecho para la verdad, la justicia y la libertad, por ello buscamos la formación de personas con capacidad para realizar su propio proyecto de vida, con derechos y deberes. Promovemos una educación que motiva a crecer y madurar con respeto, en comunicación y colaboración.
Contribuir con la formación de personas sensibles a los problemas y necesidades locales, nacionales y mundiales, que comprometan sus acciones a la construcción de sociedades responsables, respetuosas, libres y abiertas a la trascendencia, adquiriendo en ello el espíritu de servicio en búsqueda del bien común.
Ser reconocidas como comunidad educativa que vive los valores y principios de generosidad, respeto, solidaridad y vivencia cristiana, proyectándonos como promotoras de la cultura de la paz, a la luz de la fe y las virtudes cristianas.
Valores y actitudes
Favorecemos la educación basada en el ejemplo: vivimos los valores y actuamos convencidas de que podemos contribuir a crear un mundo mejor con base en la generosidad, la responsabilidad, el respeto, la libertad y la solidaridad
Educamos para hacer el bien y vivir en armonía. La educación la realizamos como un apostolado y una profesión. Por eso todo lo que hagamos apostólica y educativamente conduce a ser ejemplo y acompañar a los estudiantes a tener una experiencia personal con Dios, no sólo a través del conocimiento intelectual, sino de la vivencia, uniendo la virtud con el saber.
En nuestras escuelas, cultivamos un sentido vivo de Dios y una entrega generosa en el servicio, de modo que las niñas y los niños descubran el sentido de su dignidad de persona y obra de Dios, porque “Toda educación que no tenga por fin a Dios, o que no ponga los medios que eficazmente conducen al hombre a Dios es insuficiente” (P. Federico).